No tengo cobertura médica

Estaba en el martes en la cola de embarque en el aeropuerto de Barajas cuando me llaman de un número de Osakidetza
, uno de esos larguísimos números desde los que se llama a móviles en oficinas o entidades: que ya no tengo cobertura médica. Mi interlocutriz no me supo dar una explicación, pero es posible que sea por llevar mucho tiempo en paro (me acerco a los 18 meses).

Un inciso: En cuanto pude solicité que mis comunicaciones con Osakidetza fueran en euskara. En euskara pedía cita con el médico y en euskara contesto siempre a esas llamadas. Como tantas otras veces me recibió un “¿Qué?”. Bastante típico, por desgracia. Lo comento porque más adelante esto tiene su gracia.

Casi me entraba la risa por la sencilla razón de que estaba en la cola para embarcar en un vuelo DE IDA a Suecia, donde 6 días después me esperaban (según todos los indicios con los brazos abiertos) para empezar a trabajar.

bueno, en este caso tampoco es tan grave le digo, porque me voy del país. Me voy a trabajar fuera.

Y va y me dice “ah, qué bien, a Suecia, así aprendes otro idioma“. El Sarcasmotrón se me descontroló un instante y digo “Bai, nire laugarrena izango da” (“Sí, va a ser el cuarto que aprenda”) y me dice “¿Qué?

Si no fuera yo socio de una asociación de supervivientes del Holocausto, sus familiares y amigos es muy probable que hubiera empezado a pensar en Chekas e incluso en el Gulag, pero tengo claro a dónde lleva eso. A dónde me lleva eso a mí, quiero decir. Mi interlocutora es una ignorante privilegiada y aun no lo sabe. Pero lo sabrá pronto, sin duda. Quizás cuando se le acabe. que espero que se le acabe muy pronto, claro.

Para rematar me dice que cuando vuelva “a España” lo puedo arreglar así y asá.

Es posible que haya una explicación medio razonable a todo esto. Me ha llegado a Gasteiz una carta de Etxebide. Parece ser que me han asignado una casa (a mí, deben estar desesperados) y por eso no tengo derecho a médico EN EL CASCO VIEJO, que es donde he vivido casi siempre. Quizás me hayan asignado una casa a las bravas, un médico en el centro de salud de uno de esos barrios nuevos y lejanos (pero cercanos a Miranda, a Bizkaia o a Agurain) y el proceso finaliza sin decirme nada más que “no tienes derecho a atención sanitaria”. Pero todo esto son conjeturas.

Unos días antes de irme avisé por escrito a Lanbide (el Serv. Vasco de Empleo) de mi marcha para que puedan obsequiar con el recorrido burocrático gracias al que se puede vivir de las ayudas (ni me río de pura amargura) a algún otro menesteroso, así que digo yo que se lo van a ir contando unos a otros. Yo lo dejé dicho en la Ventanilla Única. Como el anillo.

Y esta es mi primera aventura en todo esto del emigrar.

La foto que ilustra esta entrada es, en efecto, artística y ligeramente soez puesto que muestra dos de los gatos más bellos y agradables que nunca hayan existido y al mismo tiempo distinguimos el ojo trasero de uno de ellos. No podría precisar ahora mismo por qué asocio el ojete de Piti con esta historia.

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