Lana. Así que lana.

Ayer fui a correr a Salburua por primera vez en meses. Desde la media maratón de diciembre (y las ulteriores glaciaciones tan alavesas, tan nuestras) solo he ido una vez y fue una vueltecita corta.

La semana pasada probé a correr en El Prado (ese precioso parque, tan pequeñito y con ese verdor furioso) y eché el bofe en un cuarto de hora. Mal pintaba la cosa si quiero hacer la subida a Estibaliz. Ayer fue en Salburua y no fue mucho mejor. Cuando llevaba menos de un cuarto de hora corriendo y en plena recta del final del humedal llegué a la granja ganadera justamente cuando iba dando boqueadas ansiosas. A la izquierda el humedal, todas las aves y pajaruelos alborotados, los almendros el flor… y a la derecha la granja; tras unos cuantos días de calorcito (o sin hielo, que en Alava viene a ser lo mismo), decenas de ovejas y vacas haciendo sus cosas por todas partes y el vientecillo, ese vientecillo derechito a la boca. Resultado: casi echo allí hasta la primera papilla.

Hay que ser testarudo para correr y el doble de testarudo para saber cuándo hay que andar, recuperar y luego si se tercia volver a correr. En plena testarudez estaba cuando adelanté a un grupo de paseantes que para mi asombro no parecían verse afectados por la compacta y pestífera presencia oloroso-agropecuaria. Una pareja, un retoño de unos 8 años y lo que me pareció una visita. Les adelanté justamente cuando la visita le preguntaba a la pareja:

¿Las vacas... las vacas no dan lana como las ovejas, verdad?

Así que lana. ¿Lana? Lana no. Lama. La madre que la parió.

1 comment

  1. Todo un lujo el vínculo de la subida a Estibaliz, “así son los 90, hijo”.

    Ánimo con la subida, que las hay más jodidas como la *no* subida salarial, la subida del IRPF…

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