Explicaciones a favor de corriente

Texto enviado (no publicado) a Mugalari.info en febrero de 2016:

Explicaciones a favor de corriente.

A veces pasa que descubres una nueva palabra y te la tropiezas varias veces en unos pocos días. Una nueva idea, o un concepto. Qué majo Pazos. Bueno. Entrañable, mejor dicho. Con época hippy o sin ella.

Me hablaba un amigo hace poco de las explicaciones a favor de corriente. Alguien encuentra una explicación manifiestamente errónea y se opta por no contradecirla, dejar que la corriente pase y se lo lleve todo, porque tener razón tampoco es tan importante como nos puede parecer a veces. Y es más, por cerrar el buzón a tiempo tampoco se deja de tener razón. Se tiene razón y no se pierde la salud en bobadas.

Y en estos últimos días me han saltado al paso como liebres carpetovetónicas varios ejemplos estupendos.

Iban un vasco, un castellano y una sueca en el metro de Estocolmo. No estaba claro si iban o venían de comer, lamento la falta de precisión. Lo que sí sé es que entraron unos mocetones al vagón. Digo mocetones porque por lo visto tenían un acento vasco bastante marcado, hablaban al volumen normal (un volumen que en el metro de Estocolmo es como si entras en un misa tirando petardos) y venían con los mofletes coloraos. Por lo que fuera.

El caso es que uno empezó “pues mira a ese, qué cara tiene”, “pues mira a aquella”. Y el otro “joder, qué de negros aquí ¿no?”. Uno de ellos optó por cifrar la conversación, es decir, la gilipollez que tenía que soltar requería una cierta intimidad a pesar de las voces que estaban dando.

“Beltza pila bat hemendik, bai. Beltza nazkagarriak…”

Dijo esto a unos 30 cm del vasco del que os hablo. Este vasco resulta ser un vasco tan vasco como las rancheras, como la trikitixa, como meter un taco cada seis palabras, como no irse de misionero, como no tener una tía monja. Es decir, un vasco adoptado; y de adopción reciente. Será por eso que tuvo que intervenir, o quizás porque le pasaba como a Gelito, que como todo el mundo sabe gasta mala hostia.

La mala hostia, cuando florece se ve y se huele antes de que el emisor hable siquiera. Tal fue la expresión de su cara justo antes de intervenir que el usuario de la lengua vascona con fines criptográficos (un euskara bastante pobre, según me dijo el testigo) le pidió perdón en inglés. In motherfucking English.

– So sorry. I’m so sorry – he mumbled.

– Aitzen dot.

– …

My friend had to face the facts, and change the approach. Apply just a tiny additional bit of emphasis, let’s say.

– AITZEN DOTALA, TXOTXOLO!

La reacción del sujeto, que es a lo que vamos, fue esta: se fue a reunir con el resto de sus amigos, más de media docena, que estaban sentados al fondo del vagón y les dijo, con esa cosa tan vasca también de susurrar a gritos de forma que solo te oiga medio vagón:
– “buatxabal, que el sueco ese entiende euskera”

noticia que fue recibida con profusión de “bualá”, “qué dices” y “buatxabal”.

Segundo ejemplo. Este me pasó a mí, así que recuerdo los detalles, pero ni bien ni mal. Con esta memoria mía. De vacaciones en Gran Canaria en mitad de febrero, en una de esas semanas en las que nórdicos de distintos países se van al sol aprovechando ciertas vacaciones escolares. Canarias es un sitio donde me dijeron que tienen el inglés obligatorio (¡qué cabrones!, pensé) en el instituto y en muchos también el alemán. Lo cierto es que no di con nadie que hablara inglés con un mínimo de soltura. No digo que no los haya, digo que no los encontré.

Aproveché para ver un sitio turístico con los ojos de un guiri, permitiendo el primer día que me la colaran de mala manera nada más que para ver cómo es. El caso es que la lengua de la unidad viajera era y es en su mayor parte el inglés, con mucho sueco con la chavalada porque sí y ya está.

La señora de la casa donde estábamos (encantadora señora) va y me dice un día que fui a entregarle los tapones de plástico que había visto que recogía en una bolsa bien grande:

– Mi hijo dice que eres canario. Yo le he dicho que no, que canario no eres, pero te defiendes muy bien en español.

A lo que respondí con lo primero que me vino a la cabeza:

– Es que los escandinavos ya sabes cómo somos, cuando nos ponemos con algo lo hacemos a conciencia.

Y no se rió ni un poquito. Así que me volví para casa corriendo a contar que me acababan de dar el pasaporte sueco al fin.

Explicaciones a favor de corriente. No es dejarse hacer. Es que está bien saber cuándo merece la pena y cuándo no, más que nada porque la mayoría de las veces no merece la pena. Ahora bien, que lo quieres llamar “la navaja de Ockham”. Estupendo. Bien también. Hasta mejor. Suena mucho mejor.

Y así vamos pasando la tarde sin discutir.

Con lo que me cuesta.

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