Perroflautismo.

Un amigo me ha escrito para contarme un sucedido que ha sufrido en sus carnes.

Grande es mi zozobra, amigos míos. Os cuento mis tribulaciones por si
entre todos pudiéramos dar con alguna luz pues mi espíritu vive de
transustanciación en transustanciación y así no se puede vivir. Bueno, sí
se puede pero se vive mal.

El domingo mi novia tenía un cumpleaños. También lo tenía yo, pero no quise
ir. Amigos suyos y suyas, muy majos y muy majas, algunas veces -como el pasado
domingo- lo que yo quería era sofá, tranquilidad, hacer lo mínimo y no exponerme
a la convivencia con otros humanos cuando no es lo que más me apetece, que luego
vienen los líos. Más de 20 personas disfrutando de un exquisito menú hipercondimentado
fruto del curso de especias que les dio el otro dia una de sus amigas que ha estado en la
India hace poco. Un planazo si eso es lo que te pide el cuerpo.

El caso es que volvió como a las 10 de la noche con unas agujetas del copón.

– ¿Agujetas? dije yo, barruntando que en mis barbas se hacía ostentación
de una puesta de cuernos buenrrollista digna del mayor de los alces.

– Sí, dijo la interfecta. – hemos jugado al tú la ligas, al rey de la
montaña, a echar carreras de carretillas… a un montón de cosas. Estoy
reventá.

Osea que se van de cumpleaños (gente entre casi treinta y casi cincuenta
años) y no solo no se ponen como las avutardas, sino que se inflan a jugar
hasta que no pueden más.

Bueno, cenamos de lo que trajo mi novia en 7 tarteras repletas de arroz
bashmati y toneladas de salsundis hipersabrosas y cuando estaba
disponiendo el aparataje para ver un capitulillo de Dr. en Alaska (que me
la voy comprando en DVD y grande es el deleite que nos embarga durante su
visionado) me encuentro al lado de la puerta un macuto rabiosamente
colorido, de esos con espejitos que lo ¿adornan? y de cuya boca asomaban
nada menos que tres mazas de malabares.

Sí, amigos míos, mi novia había metido en casa un kit de perroflautismo.

Y va y me dice

– que no es mío, hombre, que se lo estoy guardando a un amigo

A la vejez viruelas. Me ha hecho una de “es que me comido hamburguesas y
me han hecho daño en la tripa”, “ha sido la última cocacola, que me habrá
sentado mal”, “esto no es mandanga y si lo fuera se la estoy guardando a
un amigo”. Ahí ya me preocupé seriamente. Estoy por volver a fumar, meter
una tele en casa, hacerme futbolero, o algo así.

Estas increíbles fotos de búhos son de Brian Scott. Tiene más en su flickr. A veces lo búhos miran así. Con la curiosidad de un gato las uñazas de un búho. Es una mezcla interesante. Hay más fotos de búhos aquí: http://thebigfoto.com/owls.

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